EL día 10 de febrero de 1912, será aprobaba en el Congreso de la Nación, la Ley Nº 8.871, más conocida como la Ley Sáenz Peña. En este sentido, resulta importante ilustrar sobre la situación política hacia fines del siglo XIX, y de que manera, luego de muchas luchas revolucionarias, se logra arribar al objetivo fundacional del radicalismo, que es terminar con el sistema excluyente y fraudulento, para que el pueblo pueda votar en libertad y que su voluntad sea respetada.
Juárez Celman accede al gobierno en 1886, de la mano de la plena vigencia de un sistema político basado en el fraude y la exclusión política de los ciudadanos. En el país hace falta una alternativa política al “unicato”. En este sentido, será un grupo de jóvenes de la ciudad de Buenos Aires, el que tomará la determinación de comenzar a reunirse y organizar un nuevo espacio político. Es el momento de la implementación de valores trascendentes en la política argentina, luego de años de componendas, contubernios, fraude y exclusión.
Ha llegado la hora de luchar en el espacio público, por la vigencia de la autonomía municipal, la transparencia en los manejos de los recursos públicos y la vigencia de los derechos políticos para las grandes mayorías. Todos estos objetivos serán expuestos en una reunión que tuvo lugar en el "Jardín Florida", en el mes de septiembre del año 1889, y ratificada en el mitin en el "Frontón de la Cancha de Pelota", en 1890. Es el nacimiento de la "Unión Cívica".
Juárez Celman, Roca y Pellegrini, no atienden los reclamos ciudadanos y en consecuencia, Leandro Alem afirma: “Ha llegado el momento implementar la vía revolucionaria, con el fin de terminar con este régimen que oprime a todos”, y se comienza a preparar una "Revolución”, que la historia registra como la emblemática “Revolución del Parque” del año 1890. Una revolución tan romántica y principista, como así también, traicionada, por los mitristas acuerdistas”
Al año siguiente, Leandro Alem convocó al Comité Nacional, el cual presidía. En esa reunión que tuvo un día 26 de junio de 1891. Entre los presentes, se encontraban Martín Yrigoyen, del Valle, Hipólito Yrigoyen, Marcelo T de Alvear, Barroetaveña, quienes junto a un nutrido grupo de afiliados cívicos, ratificarán la línea principista del “Movimiento” y además, serán los gestores del nacimiento de un nuevo partido político: “la Unión Cívica Radical”. En este sentido, se hizo público un manifiesto denominado: “A los pueblos de la República”, donde se hace expresa mención a la separación de los acuerdistas, quedando en claro, que el emergente radicalismo, es un partido político que luchará por lograr establecer los derechos políticos de las grandes mayorías, adoptando en adelante dos principios, que marcaran sus primeras décadas de lucha, por la consecución del sufragio libre: la abstención y la revolución.
El fruto de esas luchas revolucionarias, entre ellas, 1890, 1893, 1905, fue la consecución de la Ley Sáenz Peña. Una vez electo presidente Sáenz Peña se reunió con Hipólito Yrigoyen, a invitación del primero, en varias oportunidades, en las cuales Yrigoyen le trasladó la necesidad de que el pueblo pueda votar libremente. En esas mismas reuniones, Sáenz Peña avanza en esta nueva relación política y le ofrece al radicalismo integrar el gobierno ocupando algunos ministerios, lo cual Yrigoyen rechazó inmediatamente y posteriormente, el mismo camino siguió la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical.
Una vez aprobada la Ley 8.871, que garantiza el voto secreto, universal y obligatorio, esta se fue poniendo en práctica, en turnos electorales en diferentes provincias del interior del país, ya sea en elecciones para gobernador o de diputados nacionales. Hasta que en el año 1916, se debe elegir un nuevo presidente para el período (1916-1922). La Unión Cívica Radical, convoca a su Convención Nacional, que levanta la abstención revolucionaria y elige a Hipólito Yrigoyen, como candidato a la Presidencia de la República, quien se impone en los comicios y será Investido un 12 de octubre de 1916, como el primer presente popular de los argentinos.
Merece la pena recordar estas acciones políticas fundacionales, porque ellas marcaron la razón de ser de la Unión Cívica Radical: la lucha contra el fraude y garantizar la “Soberanía Popular”. En este sentido, el Radicalismo debe continuar con la lucha militante de todos los días, para lograr reafirmar aquellos valores republicanos, hoy muy desdibujados y afianzar como mandato histórico partidario, el compromiso de lucha. En este sentido, la Unión Cívica Radical, debe ser el estandarte en el siglo XXI, de la necesaria lucha, con el firme propósito de lograr la consolidación de las instituciones y valores republicanos, la libertad y la igualdad, para todos los argentinos.
Prof. César Arrondo
Foro de Historiadores de la Unión Cívica Radical

















